Andrés pinta flores, casas, familias, cocodrilos grandes, coches, dinosaurios, trenes, marcianos de colores y caballos (que es lo que más le gusta).Por eso mamá ha decidido llevarle hoy al Museo de El Prado para que vea las pinturas de reyes y de principes en sus caballos.
Atravesando salas y salones, llegan a las pinturas de Velázquez ante las que Andrés se queda boquiabierto.
-Mamá, ese caballo ¿tiene una tripa muy gorda?- pregunta al fijarse en el retrato ecuestre del Infante Baltasar Carlos.
- Pues tienes razón, pero es que el pintor utilizó un truco porque antes el cuadro estaba en un lugar muy alto, y para verlo bien había que hacerle la tripa más grande al caballo.
- Pues no lo entiendo- dice Andrés poco convencido.
- Mira, si pones el cuadro muy alto, la panza del caballo no la ves grande, la ves normal- Andrés se encoge de hombros y continúa mirando.
- Y ¿por qué pintan todos los caballos con las patas para arriba?.
- Pues eso se llama caballo en corbeta, y el animal lo hace porque se le enseña a que ande con dos patas. Se tarda en domarlos, no lo hacen a la primera, claro.
- Pues yo también voy a pintar así mis caballos.
-Y ese señor tan gordo ¿quien es?- pregunta señalando al Conde Duque de Olivares.
- Un Ministro del Rey Felipe IV, el que está allí- le señala su madre con el dedo.
- Mamá, eso que hace el Ministro también es un truco porque está muy gordo... y el caballo es más pequeño y levanta las patas al borde de un precipicio... ¡Seguro que si fuera de verdad se habría caído! -y la mamá de Andrés se ríe.
- Pero, mira mamá, esa pata es grande y la otra es pequeña- y señala con el dedo al caballo del Code Duque.
- Claro, lo hacen los pintores para que parezca real lo que pintan. Mira, si nos alejamos un poco, ves lo más grande cerca y lo más pequeño a lo lejos. Lo llaman perspectiva.
- ¡Ah! ese nombre ya lo sabía, ya me acuerdo. Mamá ¿y a tí que te gusta?
- Pues a mí lo que más me gusta es el pañuelo de la Infanta Margarita ¿ves? es la princesita que hay en el cuadro de Las Meninas, pero ya de mayor ¿no te parece precioso?.
- ¿Solo te gusta el pañuelo, no te gusta más el lazo del Ministro?
- Si, también me gusta la bande del Conde Duque. Pero el pañuelo es tan bonito y tan delicado ...¡Lo estaría mirando todo el día!.
- ¿Todo el día?- se asombra Andrés
- Bueno, mucho tiempo- sonríe la madre
Y después de ver muchos cuadros, salen del Museo. Camino de casa se encuentran con un policía a caballo. Entonces, Andrés pregunta:
- Mamá ¿ese señor también es un rey?
lunes, 28 de junio de 2010
Andrés en el Museo de El Prado
domingo, 27 de diciembre de 2009
Diana ya no juega sola
Diana era una niña que no podía hablar con los animales, ni soñar despierta, ni bailar sin música, a ella solo le gustaba divertirse con sus videojuegos.
Un día, mientras estaba en el parque a Diana se le rompio su máquina de matar marcianitos y no supo qué hacer, todos los niños estaban en los columpios o jugando a la comba, quería acercarse y jugar con ellos pero no sabía como.
Tan pensativa estaba que no se dio cuenta de que una señora con un perrito se sentaba a su lado.
-Hola guapa ¿cómo te llamas?- le preguntó la señora del perrito
-Yo Diana ¿y su perro?-
-Se llama Melón, puedes acariciarlo, no muerde, es muy bueno- dijo la señora
El perrito miraba a la niña con curiosidad, Diana acercó la mano le acarició las orejas y Melón empezó a olerla.
-Le has caído bien- le dijo la señora
-Que divertido ¿puedo cogerle de la cadena?
-Claro, da una vuelta con él, yo os vigilo sentada-
Melón corría alrededor de los setos y saltaba encantado de tener una amiga, podía devolver todos los palos que se le lanzaran aunque fueran muy lejos y dar vueltas muchas veces alrededor de los árboles.
Después de un rato Diana se acercó con Melón al grupo de niñas que jugaban a la goma y se quedo mirando, ella también quería saltar pero ¿cómo lo hacía? a lo mejor no querían más amigas, a lo mejor sí, Diana dudaba, así que pensó que era como meterse debajo del grifo de agua fría; había que coger aire y lanzarse:
-Hola ¿puedo jugar con vosotras?- les preguntó bajito
-Vale- le contesto una de las niñas
-¿Y podemos jugar con tu perro?- le pregunto otra
-Si, se llama Melón- dijo Diana
Y después de la goma jugaron todas al escondite y luego con un ajedrez muy grande que había en el parque mientras Melón corría feliz alrededor de las niñas.
A partir de esa tarde Diana no jugó más sola, se olvidó de comprar pilas para su máquina de matar marcianitos y descubrió que era muy divertido tener amigas, leer cuentos, soñar despierta, jugar con perros y gatos y bailar sin música.
Begoña Antonio
lunes, 11 de mayo de 2009
EL AEROPUERTO
SOY UN NIÑO DE HIERBA
Soy un niño de hierba así que tengo verdaderos problemas con los caballos, los conejos, las cabras y sobre todo con las vacas porque me quieren comer y tengo que estar corriendo todo el día para quitármelos de encima. Pero esto no es todo también me tengo que defender del sol en verano porque a veces sus rayos son tan fuertes que me dejan amarillo. Tampoco es fácil vivir con mucho aire porque me quedo calvo y tengo que esperar semanas hasta que me vuelve a crecer el pelo. Pero no todo es malo; me lo paso bien con las mariposas y soy amigo de los gorriones y los grillos que vienen a verme porque huelo a fresquito, aunque claro lo que yo siempre he querido es una familia porque a mis padres se los comió una oveja y es muy aburrido estar solo, así que hablando con mi amiga la cigüeña me ha convencido para que me quede a jugar con sus hijos y aquí estoy en el nido que tienen en la torre del campanario. Me gusta mi nueva familia, son unos polluelos muy simpáticos que solo comen gusanos.
Begoña Antonio Vallejo


